Andrea Eboli
Artículo27 de octubre de 2026·3 min de lectura

¿Qué poder tienes más allá de tu cargo?

El mundo nos enseñó que el poder es dominar, conquistar y acumular. Pero la palabra nació como verbo: posse, ser capaz. Recuperar ese sentido cambia todo sobre lo que esperamos de un cargo y sobre lo que permanece cuando termina.

Un verbo que se volvió sustantivo

El mundo nos enseña que el poder significa dominar o conquistar, ligado al dinero, la influencia, la autoridad y la posición. Pero existe un poder que no necesita el verbo tener. La palabra se remonta al latín posse: ser capaz. Antes de volverse sustantivo, antes de transformarse en estructura, el poder era simplemente la capacidad de actuar, elegir y convertirse. Algo que nace como potencia.

Con el tiempo, cambiamos ese sentido. El verbo se volvió sustantivo. Capacidad se volvió dominación. Potencial se volvió conquista. El poder pasó a verse como algo externo: algo que alcanzar, acumular y defender. El cambio parece pequeño, pero organiza casi todo lo que sentimos cuando pensamos en el poder en el trabajo y en la vida.

Lo que el cargo concede y lo que no

En el trabajo, la confusión aparece todo el tiempo. Llamamos poderoso a alguien y enseguida señalamos el cargo, el lugar en la jerarquía, las decisiones que la persona está autorizada a tomar. Esas son fuentes reales de poder. Pero no representan todo lo que alguien es capaz de hacer.

David R. Hawkins, en Power vs. Force, ubica el poder en la integridad y en la disposición de asumir responsabilidad por las propias acciones, en lugar de verse como víctima de fuerzas externas. La idea desplaza la conversación de la posición que ocupamos hacia la manera en que conducimos nuestras acciones. Un cargo puede conceder autoridad. No puede garantizar integridad, ni hacer que alguien asuma la responsabilidad cuando algo sale mal.

Tres preguntas que no me sueltan

Vuelvo siempre a ellas. ¿Por qué las personas en posiciones de autoridad pierden la sensación de poder cuando dejan esos papeles? ¿Por qué otras, reconocidas, influyentes y exitosas, aún no se sienten poderosas? ¿Y por qué algunas personas, sin cargo, estatus ni reconocimiento, cargan una fuerza que parece no depender de nada de eso?

Las tres apuntan al mismo lugar. El poder es más que aquello que adquirimos o poseemos. También está en quiénes somos, en cómo leemos el mundo y nos situamos en él, y en cómo transformamos esa lectura en acción.

Lo que la próxima generación está revelando

En las entrevistas de mi podcast con ejecutivos de distintas generaciones, algunas preguntas se repiten, sobre todo entre los más jóvenes. ¿Por qué existe esta regla? ¿Para qué sirve esta orientación? ¿Por qué debo seguirla? La autoridad formal logra que las personas sigan una decisión. No produce respeto ni admiración.

Tal vez sea una generación mostrándonos que nuestros cargos valen menos de lo que estamos habituados a creer. Aquel poder que nos convencieron de tener puede estar perdiendo fuerza, principalmente cuando se compara con valores e inspiraciones más humanos. Esto no vuelve irrelevante la jerarquía. Las organizaciones aún necesitan responsabilidades claras y autoridad para decidir. Pero los líderes que preparan a la próxima generación deben ir más allá de los modelos de mando que recibieron: explicar su razonamiento, conectar el trabajo con algo que importa, acoger preguntas y demostrar, en sus propias acciones, la responsabilidad que esperan de los demás.

Lo que permanece cuando la autoridad deja de ser la razón

Dejar el cargo de lado no significa abandonar las responsabilidades que vienen con él. Significa preguntar qué permanece cuando la autoridad deja de ser el motivo por el cual las personas escuchan. Esa es la pregunta práctica para cualquier ejecutivo: ¿qué relaciones estamos construyendo dentro de nuestras organizaciones y qué impacto generamos como seres humanos?

El poder que vale la pena construir es el que las personas reconocen por tu valor, por las relaciones que estableces y por las consecuencias de tus acciones. Tiene más fuerza y más permanencia que el cargo que ocupas. Esa es precisamente la travesía que investigo en la Estrutura Consciente de Poder: salir de la potencia condicionada a lo que necesitamos tener, y llegar a una potencia que no desaparece cuando lo que tenemos cambia. Salir del Ter Poder y aprender a Ser Poder.